Entrevista en ‘No me vengas con historias’

Con motivo del libro recopilatorio que saqué hace unos meses, Acuática me ha hecho una entrevista para incluirla en la serie que ha iniciado en su blog dedicada a antologías. Creo que es mi primera entrevista, al menos a este lado de la barrera, así que ya podéis imaginar la ilusión que me hace.

Pinchen por aquí (la foto lo merece) –> Antología: “Canguingos o patas de peces” de Pablo Garcinuño

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Esa locura por correr

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“A pesar se que la mayoría de las veces no se suele conseguir todo lo que te propones, hay otras (ocasionales) en que sí que se consigue; sólo por estas veces, ya merece la pena pelear”. Chema Martínez, en ‘Correr es vida’.

Aunque pueda parecer mentira, aunque incluso a mí me parecía mentira hace poco, correr engancha. Es difícil de explicar para alguien que no lo haya experimentado, así que no me esforzaré mucho. Pueden creerlo o no. Si optan por lo segundo, lo que Chema Martínez cuenta en este libro les sonará a chino.

‘Correr es vida’ relata el día a día de este popular fondista. Le he escuchado hablar en varios programas de radio y televisión y es un excelente comunicador. Quizás por ello esperaba más de estas páginas. Chema Martínez se queda en un pobre plano superficial, en un nivel meramente descriptivo de su rigurosa disciplina deportiva.

A pesar de ellos, es innegable que llama la atención la entrega de este atleta. Entrena 24 horas al día, ya que todo depende de la próxima carrera: la comida, la bebida, el descanso, la recuperación muscular, etc. “No salgo de cenas, no salgo por la noche y no me muevo demasiado de esta rutina [...]. El mismo día de Navidad o de Año Nuevo entreno mañana y tarde,  como lo mismo que los otros días. Sé que soy un bicho raro, distinto, diferente. Sin embargo, esta ha sido mi elección y soy una persona feliz con lo que hago”.

El capítulo que más me ha gustado es el titulado ‘El atletismo como forma de vida’, donde explica cómo ayuda el deporte a “vaciar la mente”. “Corriendo ves las cosas desde otra óptica, como si las mirases desde fuera y las relativizaras”. Y continúa: “No hay mejor sensación que entrenar durante 30 o 40 minutos y, después, darte una ducha. Sólo los que han corrido saben qué se siente”. “Paradójicamente, cuando sales a correr de golpe todo se ralentiza, quizá porque también lo hace nuestra mente”.

Puede que mi decepción con este libro venga provocado por otro, el escrito por Haruki Murakami. ‘De qué hablo cuando hablo de correr’ es, con mucha diferencia, lo mejor que he leído sobre esta absurda y apasionante afición.

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Una tarde de verano… (Certamen de Escritura Rápida de Ávila)

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Una tarde de verano varié el itinerario de mis pasos. Salí de la ciudad por el parque del Soto para refugiarme en sus sombras y humedades, para disfrutar del cosquilleo de la hierba seca. Libre como estaba de cualquier atadura, troté sin rumbo ni sentido aparente. Era un placer sustituir la monótona musiquilla de cada día por el silencio que reinaba en medio de ese sopor estival.

Regresé a la explanada de la plaza de toros poco antes de que abrieran la feria. “Justo a tiempo”, pensé mientras un niño se subía a mi lomo y comenzaba a golpearme el costillar de madera con unos zapatos negros y duros, impropios de su edad. El tiovivo comenzó a dar vueltas al son de esa melodía estúpida.

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Con este microrrelato he tenido el placer de ganar el II Certamen de Escritura Rápida que organiza el Ayuntamiento de Ávila con motivo de la celebración del Día del Libro. Este año se eligió una frase del libro de Miguel Delibes ‘La sombra del ciprés es alargada’ (aparece en negrita) y los participantes tuvimos dos horas para crear una historia partiendo de ese punto.

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Rrrrrrrrrrrrrr….

Foto 14-04-13 23 55 23Al principio creí que cualquier hijo de puta me movía el marcapáginas de sitio cuando no me daba cuenta, algo absurdo si tenemos en cuenta que vivo solo. Con el paso de los días, me pareció notar que ese trozo de cartón malnacido estaba engordando poco a poco, tanto que me costaba cerrar el libro. Y luego está lo de las páginas que desparecían: la 6, la 15, la 30, la 128…

Ahora no me atrevo a abrir la novela. Cada vez que acerco la mano, algo ruje en su interior.

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Victorias, derrotas y otros derivados tóxicos

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“Postureo” del Negro café en mano

“Tanta historia deshilachada acaba sirviendo para encontrar la costura. Tanto camino sirve para darle una chica a cada canción, poner banda sonora a los pasos. Los que consiguieron su amor a la primera punzada nunca lo sabrán del todo. No habrán gozado en plenitud del acierto y el error, los problemas y esperanzas. No sabrán cómo son las canciones de la soledad entrando a toda válvula. Vibrar, arriesgar. El dopaje de necesitar saber de ella, actuar por ella, mejorar por ella”. El Sentido de un Guisante

No todos los días tiene uno la oportunidad de leer el libro de un amigo. Así que la lectura de estas últimas semanas ha sido especialmente placentera. Se trata de ‘El sentido de un guisante’, de Rubén Negro, periodista y escritor con el comparto proyecto conjunto en el blog ‘Los 4 Palos’. Se trata de un libro corto en extensión pero de largo alcance. Yo me lo leí en un par de sentadas nada más conseguirlo, pero luego me lo he vuelto a releer atacando cada uno de sus 27 capítulos de una forma más distanciada. Y casi podría asegurarles que volveré a atacarle más adelante.

La escritura de Rubén es muy peculiar y reconocible, por lo menos para los que le seguimos en su blog. No es fácil, conste. Es de digestión lenta, cargada de simbolismos y dejando mucha labor para el lector. Uno se lo tiene que currar. “Tienes que abrirte, se nota que escribes cerrado, oscuro”, cuenta en el libro que le dijo alguna vez una mujer. Esperemos que no haga caso. Porque el muchacho tiene una habilidad especial para colocar palabras de una forma bella y casi poética, lo cual ha hecho que me gaste medio lápiz subrayando frases enormes. Hay mil ejemplos pero aquí va uno: “El coche carbura y aconseja: equivócate en todo, aprende idiomas, empaña los cristales. Vibra en dirección a la armonía. Puestos a rompernos que sea del uso y no de la oxidación”.

Su escritura “sabiniana” y “quiquegonzalesca” nos cuenta en este libro su experiencia en amores y desamores. No hay una línea argumental clara. Como él explica, son 27 pequeñas historias con una trama de fondo y se pueden leer seguidas o por separado. Se habla de las mujeres y de otras muchas cosas que apasionan a Rubén: la música, las series, el fútbol (el chico nos ha salido merengón), las redes sociales… Reflexiona sobre esto último en varios momentos del libro, sobre como ha cambiado Facebook la forma de ligar: “Ya no se liga, se “me gusta”. Y es que hasta él, un gran forofo de todo lo que tenga que ver con estos mundos, reconoce que “se ha perdido algo de mística con esto de internet”.

Se trata de una búsqueda de la felicidad a través del amor: la chica que deja “el paladar con sabor a pipa”, la mujer del paraguas (me gusta especialmente esa historia), y muchas otras féminas que se entremezclan y confunden (creo que en ocasiones, a propósito). Finalmente, la “destrozamoldes”. “Vivir en la conspiración de las mujeres hermosas”, ya saben. “Enamorarte un instante. Pequeñas victorias”. También hay derrotas, claro. Pero el autor nos deja intuir que estás últimas son necesarias para encontrarle sentido a la vida y disfrutar de los partidos ganados. También nos susurra el jodido del Negro que buscar la felicidad significa huir de la comodidad en la que otros se quedaron.  Arriesgarlo todo al 11 rojo. Y perder. Y volver apostar la ropa interior al 11 rojo. Y, quién sabe, quizás empatar.

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Gordos

"Gordo Taqueria", por epugachev.

“Gordo Taqueria”, por epugachev.

Si entrábamos en una discoteca y encontrábamos algún gordo, ya teníamos el lío montado.

- “Mírale –decías-. ¿No te da pena?”.

- “¿Por qué tendría que dármela?”.

- “Es taaaaaaan gordo… y parece estar taaaaan solo”.

Bien sabía yo que no le ibas a quitar ojo en toda la noche, con esa mirada triste que se te pone con los obesos solitarios.

- “¿Te importaría mucho si…?”.

Antes de que resople ya me has agarrado de la mano y nos dirigimos hacia aquel completo desconocido.

- “Holaaaaaaaaa”.

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Vértigo, sudor y fiebre libertaria

“Doy para que des, pero no es necesario una cuenta exacta e inmediata. Yo te doy algo a ti, pero no espero nada a cambio. Tú le das algo a él, pero no esperas nada a cambio. Él me da algo a mí, pero no espera nada a cambio. Todos nos ayudamos. Todos nos perdonamos. Todos somos uno o partes de uno”. Libertad, de Pablo Gonz.

Tiene muchas cosas buenas eso de andar trasteando con un blog. Una de ellas ha sido poder participar en el Proyecto Libertad. Aquí tenéis más detalles de la iniciativa pero consiste básicamente en un libro viajero que va pasando de mano en mano entre un grupo de amigos que nos hemos conocido en la blogosfera. La novela que anda recorriendo ciudades es de Pablo Gonz y se titula, ya lo habrán adivinado, ‘Libertad’.

Acabo de leerlo y ya se lo he enviado a la siguiente en la lista, la gran Puck. Me ha costado despedirme de un libro que me ha hecho pensar, plantearme ciertas ideas y desasosiegos. Quizás ese “destrozo interior” es lo mejor que puede provocar cualquier forma de arte, al igual que le ocurre al protagonista de esta obra, Anto. Él decide emprender una nueva vida impelido por la fuerza de la palabra: un papel que le mete en el bolsillo una desconocida en el metro, las frases que ve grabadas en algunas fachadas de la ciudad, un libro que le deja su amigo P, etc.

El ambiente de esta novela plantea un futuro que se asemeja al que dibuja George Orwell en ‘1984’ (incluso se menciona este libro, junto a ‘El Apoyo Mutuo’ y ‘La Peste’, dentro de las tres obras que más impresionan a Anto). Una sociedad dividida en dos partes: inmortales o superiores, y mortales o inferiores. Dos mundos separados por un muro que recuerda a muchos otros que han existido o existen en la historia de la humanidad: Berlín, Palestina, etc. “Por un lado de un muro siempre hay un cobarde”, se lee en el libro de Pablo Gonz.

Libertad

La atmósfera es menos oscura de lo que pueda parecer en un principio gracias al humor de Pablo, un elementos común que he descubierto en todo lo que he leído de él. Maneja muy bien las situaciones cómicas, siempre desde un punto de vista original y muy reconocible. Desternillante la historia de una excursión al exterior que realizan Calcuss y Sesi, allá por la página 59.

“Si una oveja no muerde a otra y no siente deseos de saltar el muro, puede llegar a ser una oveja feliz”. El problema es que el rumiante Anto comienza a preguntarse qué hay al otro lado y eso conlleva un proceso de cambio interior y superación personal. Porque salirse del camino marcado siempre es difícil y doloroso, porque abandonar la zona de confort exige valentía.

Leer ‘Libertad’ te hace más valiente porque Pablo consigue remover algo dentro del lector. Pero no engaña. Te ánima a saltar y, al mismo tiempo, te muestra el elevado precio que uno tiene que pagar por elegir su propio camino. Atreverse a complicarse la vida para hacerla más sencilla: “He vivido trescientos años proyectándome hacia el futuro y sufriendo decepción tras decepción. ¿Por qué? Porque yo quería que las cosas fuesen como yo las imaginaba. ¡Qué sencillo es todo ahora! Puedo ver lo que pasa, sin definirlo de antemano. Puedo conocer lugares nuevos, sin hacerme expectativas. Puedo leer libros buenos y malos, por el gusto de saber qué dicen y cómo lo dicen, y no por la necesidad de encontrarme en ellos. Puedo escuchar lo que otros digan, para conocerlos mejor, y reservarme mi opinión, si me parece oportuno. Puedo hacer tantas cosas que siente vértigo”.

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