El chunda-chunda de mi pequeña inoportuna

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Chunda, chunda, chunda, chunda, chunda, chunda (tu corazón).

Nada de “pum-pum”. El “pum-pum” es para amores imposibles, dibujos animados y poetas tontos. No es el caso.

El tuyo es: chunda, chunda, chunda, chunda, chunda, chunda.

Suena a obras en el cuarto de baño.

A Ruta del Bakalo. A base de rap. A metrónomo de tonadillera.

Parecido a ese vecino que protesta a golpes de pared los días que ponemos música. Parecido pero no igual porque tú tienes poco de aguafiestas.

Idéntico al instante, cada fin de semana, en el que se sacuden las alfombras del barrio. Nuestra particular tamborrada de patio.

Mi martillo hidráulico de la M-30.

El cha-ca-cha metálico de un tren afónico.

Chunda, chunda, chunda, chunda, chunda, chunda: tu corazón en monitores.

Y, de repente (reeeeeedoble de tambores), el día menos pensado, menos indicado, menos preparado… el chunda-chunda se convierte en tic-tac.

Y todo son prisas, claro. Tic-tac. Y miedo también. Tic-tac. ¡Marzo nos queda taaaan lejos! Tic-tac.

Y tú que das golpes, pero distintos a los del vecino aguafiestas.

Aguas (rotas).

¡Fiesta!

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