Deja tu mensaje

(Segundo premio, modalidad B, en el XII Certamen de Narrativa Corta para Jóvenes 2009 del Ayuntamiento de Ávila)

Piiiiii
Eh… Eh… Puf… A ver qué digo yo ahora. ¿Pero ya está grabando? ¿Y cómo se para esto? Mierda… Tiene que ser aquí.
Pi, pi

Piiiiii
Holaaaa. Has llamado a la casa de Laura y Luis. En estos momentos no podemos atenderte… ¡No, no, no!
Pi, pi

Piiiiii
Holaaaa. Has llamado a casa de Luis. En estos momentos no estoy en casa. Deja tu mensaje después de la señal. Bueno… si es algo para Laura yo puedo decírselo. Terminamos bien, de hecho lo hemos dejado de mutuo acuerdo, más o menos. O sea… la idea de darnos un tiempo fue mía, ¿no? Pero la sigo queriendo como la he querido siempre, antes incluso de conocerla. ¡Cuánto la echo de menos ahora! Solo consigo acordarme de los buenos momentos, en plan relación perfecta. Y eso es culpa del Antonio Gala, que siete años con libros de este tipejo en la mesilla acaban haciendo mella. Yo no los leía, eran de ella, pero durmiendo, lo escuché en la radio, se pueden asimilar conocimientos casi sin darse cuenta. ¡Vete a saber! El caso es que ahora me parece el mayor error de mi vida y hace menos de un mes no aguantaba más, no podía más. ¡Seré tonto! Pero tonto, tonto. Al final ya no veía nada bueno en Laura, aunque hay mucho, de verdad, pero era… como una incapacidad genética o algo parecido. Eso sí, fallos, todos y alguno más para inventarse. Cada cosa estaba mal hecha a propósito y si descubría por casualidad algo positivo, de esos detalles que hace unos años me sacaban la sonrisa boba, lo consideraba su deber, un pago obligado. Como mi jefe, que te quedas un rato más en el curro para acabar cualquier chorrada y al día siguiente el muy cabrón te mira mal por salir a la hora. Mierda de raza la humana. ¿Pero qué hago hablando con un contestador?
Pi, pi

Piiiiii
Holaaaa. ¿Holaaaa? ¿Por qué siempre empiezo así? ¡Ridículo “hola”! Podría decir “buenas”, “¿qué pasa?” o “saludos cordiales”. Pero claro, somos animales de costumbres y nos sentimos a gusto en la rutina, ya ves. Así, por miedo al cambio, se estancó lo nuestro. Con el tiempo fui capaz de adivinar cada uno de sus movimientos antes incluso de que ella misma los pensara. Por ejemplo, si el día comienza soleado, Laura se levanta de la cama para acercarse a la ventana, pone mala cara y pronuncia el peor de los augurios: “Espérate que no se estropee”. Después de hacer el amor llegaba infalible una carcajada suya, creo que de satisfacción. Aprovecha el papel de plata de los paquetes de tabaco para hacer papiroflexia, siempre la misma figura. Yo la llamo la ballena aleticorta, pero necesitas mucha imaginación para adivinar el animal. ¿Y cuando entramos en un bar? Todos los días lo mismo. Primero, un caballeroso “Cariño, ¿qué quieres?”. Ella pone cara de intelectual, otea el interior de la barra y, tras unos interminables segundos de reflexión, acaba decidiéndose por la “cañita” de siempre. Sé cuando algo la va a aburrir o la va a gustar, cuando está cansada y quiere volver a casa, e incluso porque dejó de sonreír los últimos días. Laura sabía antes que yo que lo íbamos a dejar por un tiempo, de mutuo acuerdo.
Pi, pi

Piiiiii
¡Saludos cordiales! En estos momentos no estoy en casa. Deja tu mensaje después de la señal… o puedes llamarme al bar de Juanma, es muy probable que ande por allí. Cada vez paso más horas en ese antro, debo estar recuperando el tiempo perdido. Antes pensaba mucho en qué estarían haciendo mis amigos, ya ves, les imaginaba de farra toda la noche mientras el menda daba cabezazos en pijama. Pero ahora, con la libertad por castigo, las madrugadas me huelen como a soledad rancia o a lágrima sin ventilar, ¿me explico? Cada copa oculta una pena, como una carrera de amnésicos sin trofeo de consolación, y yo siempre tomo la salida por no encontrarme conmigo mismo en el sofá. El problema no es estar solo, el problema es no tener a nadie a quien esperar. Todo me queda grande, hasta mi casucha de 50 metros cuadrados con vistas a un patio interior. Las plantas, por ejemplo. ¡Qué obsesión tiene esa muchacha por los tiestos, madre! Inundó cada rincón de macetas e incluso llegó a colocar una en medio de mi colección de coches clásicos, sin importarle que el 600, el Mini, el Dos Caballos y el 121 se vieran agolpados en una esquinita del mueble. A mí eso me… me… me sacaba de mis casillas, no estaba dispuesto a permitirlo, de ninguna manera. Cada día, al llegar del trabajo, arrinconaba el ficus con gesto de hombre herido para expandir mis maquetas. Ella nunca acepta una derrota, nunca, así que volvía a reestructurar todo. ¡Vaya guerra fría! Seguro que existen personas en este mundo que se han movido menos que el puto ficus. Ya tengo el salón para mí solo, como quería, pero no me atrevo a tocar ese lechuguino verde. Los bólidos se agolpan, otra vez, en una esquinita del mueble.
Pi, pi

Piiiiii
Holaaaa… buenas… ¿qué pasa? En estos momentos no estoy en casa. Claro, tampoco Laura. Ya te habrás enterado, imagino. Lo dejamos de mutuo acuerdo pero me da en la nariz que, aunque la idea de darnos un tiempo fue mía, a ella no le ha importado mucho la separación. Quizás sea porque cuando se lo dije esperaba que se pusiera a llorar, me abrazara pidiéndome un último beso y, entre caricias y lágrimas, acabáramos en la cama, el único lugar donde se arreglan estas cosas. No fue así, que va. Esa noche durmió en el sofá y a la mañana siguiente ya no estaba. ¿Te lo puedes creer? Ni siquiera ha vuelto a por sus cosas. Creo que a ella no le ha importado mucho y eso me jode. No lo entiendo. ¿Será por el bobo ese? ¿Se llamaba Jorge? Más que compañero de trabajo parecía su hermano. Todo el día con ella… y la miraba de una forma… Eso los tíos lo olemos enseguida. ¡Qué cabrón! Seguro que ahora la está consolando con abracitos de “mejor amigo” mientras le mira el culo. Si es que todos son iguales y éste es peor. Siempre trajeado, con su Mercedes negro de funeraria, la gomina en el pelo, el peluco como un reloj de pared… En la mili querría verle, que dicen que ahí es donde se nota quién es un hombre de verdad. Laura sabrá lo que hace, pero que tenga claro que como la querido yo… Aunque, pensándolo bien, a ver dónde encuentro a alguien como ella.
Pi, pi

Piiiiii
Si no eres Laura, no sé que haces llamando. Ya no quiero tiempos para darnos y si la cosa fue de mutuo acuerdo, rompo el trato. Estoy harto de dormir solo junto al libro de Antonio Gala que dejaste olvidado en la mesilla. Juro solemnemente, como se jura en las pelis, devolver tu amor con sonrisas bobas. Tómate el tiempo que quieras en elegir la “cañita” cuando entremos en un bar, hasta puedes ir haciendo una ballena con papel de plata. Si hace falta te espero toda la noche en casa, en pijama y regándote el ficus, mientras tiro mi colección de coches clásicos a la basura. No te dé pena por Jorge, tranquila, que yo se lo explico clarito, de hombre a mierda con gomina. Me debes los besos que no me diste aquella noche, ¿te acuerdas?
Pi, pi

Comenzó a llorar tras grabar este último mensaje. Las lágrimas se mezclaron con el replicar del teléfono pero él seguía con su llanto, así que saltó el contestador automático. Era Laura, quien, tras escuchar el discurso de intenciones, logró pronunciar entre sollozos cuatro palabras: “Voy para allá, cariño”. Luis se quedo paralizado varios minutos. “No puede ser verdad”, pensó con una sonrisa en la boca. Decidió ponerse el pijama, esa noche no saldría. Después de fumar un cigarrillo para tranquilizar los nervios, escondió el ficus en un armario y desplegó su colección de coches clásicos.

Por Pablo Garcinuño.
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4 respuestas a Deja tu mensaje

  1. Angel L. Herrero dijo:

    Vaya, es francamente fantástico. El tono (es que me estoy imaginando al tipo con el cacharro) es genial. Realmente merece un premio por su espléndida originalidad en su planteamiento, pero sobre todo por su expresión de rabia contenida y a la vez de tristeza Es total.

  2. La Rubia dijo:

    Que decir de este cuento… Sabes ese mal estado en el que el olor se te queda pegado en la nariz hasta el punto de que casi puedes saborearlo??? Pues asi es este cuento, se te queda pegado hasta el punto de que cuando lo recuerdas no puedes hacer otra cosa que reirte….
    Cuándo vas a contar la visión que tiene el pobre ficus de toda esta historia?????

  3. Puck dijo:

    Me encanta!!!!! Consigues que me haya imaginado perfectamente al tipo. Es genial. El tono, la evolución de las expresiones… Ese “si no eres Laura no sé que haces llamando” es genial. Felicidades por el premio (aunque sea con mucho retraso 🙂
    Saludillos

  4. Juanki dijo:

    Muy bueno Pablo, me gusta mucho como evoluciona la historia y la forma en la que está escrito el cuento todavía más, es fácil ponerse en la piel del personaje. Comprele unas deortivas a ese ficus.
    Enhorabuena.

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