Victorias, derrotas y otros derivados tóxicos

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“Postureo” del Negro café en mano

“Tanta historia deshilachada acaba sirviendo para encontrar la costura. Tanto camino sirve para darle una chica a cada canción, poner banda sonora a los pasos. Los que consiguieron su amor a la primera punzada nunca lo sabrán del todo. No habrán gozado en plenitud del acierto y el error, los problemas y esperanzas. No sabrán cómo son las canciones de la soledad entrando a toda válvula. Vibrar, arriesgar. El dopaje de necesitar saber de ella, actuar por ella, mejorar por ella”. El Sentido de un Guisante

No todos los días tiene uno la oportunidad de leer el libro de un amigo. Así que la lectura de estas últimas semanas ha sido especialmente placentera. Se trata de ‘El sentido de un guisante’, de Rubén Negro, periodista y escritor con el comparto proyecto conjunto en el blog ‘Los 4 Palos’. Se trata de un libro corto en extensión pero de largo alcance. Yo me lo leí en un par de sentadas nada más conseguirlo, pero luego me lo he vuelto a releer atacando cada uno de sus 27 capítulos de una forma más distanciada. Y casi podría asegurarles que volveré a atacarle más adelante.

La escritura de Rubén es muy peculiar y reconocible, por lo menos para los que le seguimos en su blog. No es fácil, conste. Es de digestión lenta, cargada de simbolismos y dejando mucha labor para el lector. Uno se lo tiene que currar. “Tienes que abrirte, se nota que escribes cerrado, oscuro”, cuenta en el libro que le dijo alguna vez una mujer. Esperemos que no haga caso. Porque el muchacho tiene una habilidad especial para colocar palabras de una forma bella y casi poética, lo cual ha hecho que me gaste medio lápiz subrayando frases enormes. Hay mil ejemplos pero aquí va uno: “El coche carbura y aconseja: equivócate en todo, aprende idiomas, empaña los cristales. Vibra en dirección a la armonía. Puestos a rompernos que sea del uso y no de la oxidación”.

Su escritura “sabiniana” y “quiquegonzalesca” nos cuenta en este libro su experiencia en amores y desamores. No hay una línea argumental clara. Como él explica, son 27 pequeñas historias con una trama de fondo y se pueden leer seguidas o por separado. Se habla de las mujeres y de otras muchas cosas que apasionan a Rubén: la música, las series, el fútbol (el chico nos ha salido merengón), las redes sociales… Reflexiona sobre esto último en varios momentos del libro, sobre como ha cambiado Facebook la forma de ligar: “Ya no se liga, se “me gusta”. Y es que hasta él, un gran forofo de todo lo que tenga que ver con estos mundos, reconoce que “se ha perdido algo de mística con esto de internet”.

Se trata de una búsqueda de la felicidad a través del amor: la chica que deja “el paladar con sabor a pipa”, la mujer del paraguas (me gusta especialmente esa historia), y muchas otras féminas que se entremezclan y confunden (creo que en ocasiones, a propósito). Finalmente, la “destrozamoldes”. “Vivir en la conspiración de las mujeres hermosas”, ya saben. “Enamorarte un instante. Pequeñas victorias”. También hay derrotas, claro. Pero el autor nos deja intuir que estás últimas son necesarias para encontrarle sentido a la vida y disfrutar de los partidos ganados. También nos susurra el jodido del Negro que buscar la felicidad significa huir de la comodidad en la que otros se quedaron.  Arriesgarlo todo al 11 rojo. Y perder. Y volver apostar la ropa interior al 11 rojo. Y, quién sabe, quizás empatar.

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8 respuestas a Victorias, derrotas y otros derivados tóxicos

  1. Cybrghost dijo:

    Tomaremos muy en cuenta tu recomendación.

  2. Liesel dijo:

    Buenísimos los dos ‘palos’ que han salido escritores. Recomiendo el libro de Rubén, no deja indiferente y se agradece que deje tanto campo abierto a la imaginación del lector.

  3. Vaya, veo que la presentación en Zaragoza fue en marzo, cachissss no me enteré y me hubiera gustado ir. En fin, a ver si lo leo, que ya por solo el título parece que va a estar muy bien, y si además lo recomiendas, pues eso.
    Abrazos

  4. Puri Menaya dijo:

    Tiene buena pinta el guisante…Habrá que ir a buscarlo.
    Abrazos

  5. Pingback: La resaca de un guisante

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