Incorrección hortográfica

Adoro la palabra “escuchimizado”. No puedo evitar pronunciarla parándome en cada sílaba mientras mi voz pierde fuelle poco a poco. Los últimos sonidos son tan débiles, casi anoréxicos, que representan ellos solos el significado del vocablo. Pero todo esto le da igual al maldito programa informático. Subraya las letras en rojo mostrando esa actitud de superioridad con la que unos humanos corregimos a otros. ¿Qué diría Woody al ver que un vulgar procesador de textos, sin dignarse a pedir permiso, cambia la palabra “Manhattan” por “Maniatan”? ¿Cómo se puede vivir ignorando términos como “bobo” o “mangante”, con la cantidad de ellos que hay por el mundo? ¿Qué tipo de infancia ha tenido este diabólico cacharro sin “chucherías”?

Seguro que era el típico antisocial de su clase, con aires de superioridad por venir de una larga estirpe de portátiles Toshiba. Por eso convierte a los “yonkis” en drogodependientes, a los “frikis” en simples raros, al “calimocho” en una burda mezcla de vino con Coca-Cola. Él sabe el desprecio que le tengo, pues cada día abofetea mi orgullo con un maldito documento en blanco que intento rellenar como puedo. Me tiene “acojonado” y ni siquiera sabe qué significa tan rotunda palabra.

Safe Creative #1006136578016

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