Al exhalar el último suspiro, su ceño arrugado se relajó por primera vez desde hacía décadas. De entre los pliegues de su frente cabreada (siempre cabreada) surgieron dos tizas de colores, seis chapines manchados de tierra, tres pelotas de playa, un juego de sábanas recién planchadas y ese Escarabajo del 47 que un día su padre pintó de naranja.
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Jajaj, muy bueno.
Tan cabreado y no disfrutaba de nada. Todo se le quedaba en el entrecejo.
Abrazos
jajjaja pues sí que cabía entre esos pliegues de enfado, jajajaja
Un saludo indio
Me ha encantado. Es el entrecejo más apañado que he visto en mi vida. ¡Y qué buenísima herencia!
Un beso, Luisa.
El escarabajo es el de Esteban, eh? En el fondo quien no guarda algo en su slbrecejo…
La de cosas que se pierden entre los pliegues de la mala leche jeje
saludillos
Somo un pliegue escondido en otro pliegue.
Me gustó.
Se relajó tarde, y se le escapó lo importante. Me gustó.
Si es que se nos va la vida por un sobrecejo enfollinao, que lo sé yo. Jajaja.
Saludos
Pobre hombre, la cabeza debía de pesarle una enormidad.
Hilarante, Pablo. Me has hecho reir.
Un abrazo.
Aunque suene tópico, Su, siempre he creído que nos empeñamos en estar enfadados y tristes. Y ponemos mucho esfuerzo en ello.
Se me olvidó señalar, No Comments, que dentro de ese ceño también había una tribu enterita de indios
Ja, ja… No me había dado cuenta ya del aspecto hereditario, Luisa.
Sí, Sanchi. El escarabajo es el de Esteban. No puede haber otro igual, seguro.
Ya te digo, Puck. Mala leche la tenemos por todo nuestro carnoso cuerpo. Por no hablar de la acertada reflexión de C.D.G. Yo quiero esa frase de epitafio: “Somos un pliegue escondido en otro pliegue”.
Buena reflexión, Cybrghost. Se nos va la vida entre pliegues, Miguel Ángel.
Feliz por hacerte reír, Pedro.
Abrazos para todos.
Hay que ver todo lo que cabe en las grietas de la ira.
Me gusta el micro, muy tuyo.
Un abrazo
‘Las grietas de la ira’… qué buen título para una novela de corte histórico y muchas páginas! Me gusta que te guste. Gracias, Ángeles.
Jejeje todo lo que nos perdemos por andar cabreados. Me ha gustado mucho, mucho.
Besos desde el aire
La mayoría de las veces, nosotros solitos nos amargamos, no? Un abrazo, Rosa.
Me encanta… todo lo que se puede perder en un ceño fruncido. El toque de las sábanas recién planchadas y el escarabajo… uf
No paso por aquí todo lo que me gustaría, pero merece la pena cuando lo hago, de sobra.
Abrazos
Muchas gracias, Ana. Lo de las sábanas recién planchadas es una de mis debilidades, je, je. Agradezco mucho tus palabras.