El constructor dejó los zapatos y las gafas en el suelo de la azotea, un gesto absurdo teniendo en cuenta que se iba a tirar desde un rascacielos. Le pareció ver algo en el cielo, pero no quiso distraerse y saltó. Según caía pudo ver como miles de extrañas naves tapaban las nubes. “Me precipité”, gimió en medio de la caída, mientras pensaba que los nuevos visitantes tendrían que vivir en algún lado. Efectivamente, se precipitó.
[Este texto participa en la reunión de microrrelatos del blog Diario de Anónima Mente]









¡Excelente Pablo!
Buenísimo! hay gente con mala suerte…
Buen juego de palabras, efectivamente, se precipitó, jajaja
Muchas gracias, chicos. Se agradecen mucho vuestras palabras.
¡Je, je! Los extraterrestres van a salvar la economía del ladrillo, buena falta nos hacen unos cuantos miles de naves bien cargadas. Buenísimo.
Muy bueno, Pablo ^_^
Sí, Elisa. Les vendría bien a los bancos sacar una especie de hipotecas planetarias.
Gracias, Acuática, por tu cara sonriente.
Muy bueno, me ha gustado mucho.
Una solución a la crisis de la construcción española. Aunque mejor que siga la crisis, sino nos quedamos sin playas y sin montañas.
Muy bueno!! Creo que era Jean Cocteau, que proponía el ejercicio literario de tirarse desde la terraza de un rascacielo para captar las imágenes que se verían por las ventanas del edificio para que el escritor “voluntario” las uniese en una última y final historia. Aquí el hombre lo hizo, asoció la visión de las naves con la solución a sus problemas, tarde, claro. Muy bien narrado. Felicitaciones!!
Chula, Manuel, Julio… Gracias!
Pensando siempre después de actuar…
Saludos !
Muy bueno ese doble sentido de precipitarse, lo has colocado en el texto perfectamente. Un abrazo y suerte en la reunión de micros.
Pingback: Trapseia » Mientras el verano se otoñaba
Vuelvo a felicitarte Pablo
Pingback: Yujuuuuu (esto si que no me lo esperaba) | En mal estado