Su primera intención fue comerse al domador, pero se lo impidió el maldito síndrome de Estocolmo. Estaba seguro de que el payaso le repetiría y había muchas posibilidades de que el hombre bala le sentara como una bomba en el estómago. Con su tendencia natural a regurgitar bolas de pelo, ni pensó en la mujer barbuda. Optó por el hombre traga cuchillos. Sin embargo, como nadie le enseñó nunca a quitar las espinas, murió de una hemorragia interna.
[Este texto participa en la reunión de microrrelatos del blog Diario de Anónima Mente]
Quién escribe
Pablo Garcinuño. Periodista de profesión y aficionado a juntar letras en mal estado cuando el tiempo lo permite.Entradas por meses
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Pues que quieres que te diga pero de los que he leído este es uno de los dos que más me convence. Enhorabuena.
Saludos
Ja já. Este micro vale doble: podría ir también para la reunión de humor. Te he leído con mucho gusto.
Un abrazo.
MACANUDÉRRIMO!!!
Me ha parecido genial! Estas reuniones dan para encontrar muy buen material, te deseo mucha suerte!
Me alegra mucho que os guste. Gracias Miguel, Patricia, Diego Milito y Pablo.
Muy agudo. Suerte en el concurso que es cada vez más disputado.
Un abrazo,
PABLO GONZ
Gracias, tocayo. La verdad es que hay mucha calidad en las reuniones… y cada vez más gente
¡Qué ingenioso! ¡Me encantó!
Jejeje, muy divertido e imaginativo el micro. Un fuerte abrazo.
Pobre tigre, qué mala elección.