Tan absorto andaba en mis cosas que no me di cuenta de que comenzó a llover nada más escribir: “Caían chuzos de punta aquella noche”. El adagio de Mozart me impidió escuchar como forzaban la puerta tras poner “Abrió la cerradura con una ganzúa” en el documento en blanco. No pude terminar la frase: “El asesino descuartizó al escritor de medio pelo”.
[Este texto participa en la reunión de microrrelatos del blog Diario de Anónima Mente]









Cuando la ficción se confunde con la realidad…
A veces es difícil saber dónde están los límites
Hay veces que los personajes se vuelven tridimensionales. Un abrazo.
Prefiero no imaginar qué es del lector en este micro…
Cuidado con lo que escribes o lees… Te están mirando
Maite, Patricia y Manuel, gracias por vuestros comentarios. Y por advertirme de posibles peligros.